Noelia quiere morir porque su sufrimiento es constante e intolerable, fundamentalmente por una lesión medular irreversible, que le provoca intensos dolores. Nada puede mejorar sus limitaciones de forma apreciable para ella. Así lo han constatado los profesionales.
Nos cuesta aceptar que una mujer joven quiera morir. Nos resistimos a entender que su vida es un infierno, sin remedio, y por eso buscamos otra salida. Pero Noelia está en un callejón sin salida. El imaginario colectivo cruza los dedos, con la ilusión de que su buena voluntad se transforme en una varita mágica que no existe. El daño es grave y ahi sigue, torturando a Noelia de forma permanente.
A estas alturas, el origen de la lesión medular, que se tirara por una ventana, los abusos, los traumas de su infancia, nos ayudan a entender cómo se ha visto Noelia arrojada a ese infierno. A día de hoy de nada sirve llevarse las manos a la cabeza por la tremenda desigualdad que existe en la sociedad. Tomemos nota para proteger a los niños y las niñas desde ya, para evitar que haya otras Noelias en el futuro.
Para ella ya es tarde, muy tarde. Ya no importa si su deterioro se debe a una enfermedad o a varias, ni su edad, ni su soledad… Noelia quiere morir. Algunos desalmados le gritan: ¡”Tírate otra vez! A ver si lo consigues, pero no puedes morir plácidamente dormida en una cama”. Son como bestias inquisidoras.
Solo tenemos una opción: atender su solicitud reiterada durante años de ayuda para morir y acompañarla. La vida no es un cuento de hadas. No respetarla es de una crueldad inhumana.




